martes, 27 de marzo de 2012

MAESTRO JESÚS GURIDI

De "Preludio" a "Final" su trayectoria
se expresó en multiforme pentagrama
de notación, que un cantoral reclama,
junto a vibrantes Himnos de Victoria.

"Asi cantan los chicos"; la memoria
del que a jugar venía puso el drama.
"Mirentxu", "Amaya", "Sasibil", la fama.
Y el Maestro, la noble ejecutoria.

Su atril dignificó la melodía
popular, y el litúrgico salterio
dotó de voz coral aguda o grave.

¿Qué musa le inspiraba su armonía
polifónica? Siempre el gran misterio
de una genialidad escrita en clave.

A raiz de la desaparición, en 1961, del Maestro Jesús Guridi, escribió Federico Sopeña, Director como aquél del Real Conservatorio de Música: "Gran organista, armonizador exquísito de canciones populares, él ha compuesto también muy bella música religiosa". Hijo predilecto de Vitoria, esta ciudad conmemoró con brillantez el Centenario de su nacimiento datado en 1886. Y no sería inoportuno evocar aquí, por lo que nos afecta, el lirismo histórico de un Beethoven, en su Sinfonia Opus 91, "La Batalla de Vitoria", dedicada al Duque de Wellington.

Sóneto sacado del libro "VUELOS Y CELAJES. ANTOLOGÍA POÉTICA" de Luis Rey Altuna. Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz. 1999.

miércoles, 21 de marzo de 2012

LA CARTA DE SAN JUAN

Eran las seis de la mañana del 24 de Junio del año X...
La mañana en verdad se presentaba espléndida, magnífica, precursora de un día propio de San Juan.
La antigua Gazteiz era saludada, al igual que lo había sido en los siete precedentes días, por chistularis y atabaleros, cajas y clarines, que precedidos de maceros y heraldos, caballeros éstos en briosos corceles, engalanados con morados terciopelos, en los que ostentábanse áureos escudos con emblemas de la Justicia, recorrían calles y plazas anunciando al vecindario la llegada del día solemne y memorable, por que en él había de estamparse un nuevo sello en las Reales Cédulas de sus privilegios.
Diecinueve años después de publicado por el rey don Sancho el decreto de población de NUEVA VICTORIA, era ésta desmembrada de la Corona de Navarra por voluntad expresa del citado Monarca, que sabedor, en Africa, del asombroso heroísmo de sus fieles vasallos, defensores indomables de la ciudad en un cerco de más de siete meses, aguantando en él toda serie de penalidades y sinsabores: no consintió que perecieran servidores tan leales y ordenó á don García, obispo de Pamplona, quien en compañia de uno de los nobles cercados, fueron á pedirle consejo, se hiciera al momento entrega de la ciudad al cercador.
El Castellano Monarca, queriendo también por su parte rendir homenaje de admiración á tanto heroísmo y valentía, concedió a los vitorianos todos los honores y muchos privilegios, y para perpetuarlos, añadió "que habían de durar mientras el rio Zadorra corriese hacia su centro".
Y desde entonces databa la fiesta ó ceremonia que dentro de breves momentos tendría lugar; para la cual pajes y escuderos aprestábanse á cumplimentar las órdenes recibidas de sus señores; y al efecto, daban en la limpieza la mano última á los inquietos alazanes, alisándoles el cuero afanosamente con instrumentos de aseo, hasta dejarlo como un espejo de lustroso.
Junto a otras portaladas señoriales apostábanse severos carruajes, dipuestos á ser ocupados por elegantes y aristócratas damas.
En todas partes de la ciudad se ultimaban los preparativos para la tradicional fiesta.
Minutos después de las siete, arrancaba la comitiva ya organizada frente á la Casa Consistorial.
Allí iban en primera fila los chistularis y atabaleros de la ciudad, heraldos, maceros, clarineros; y junto a alguaciles y miñones, entre el alcalde y regidores se veía á la primera autoridad de la provincia, el Justicia mayor que con su presencia quería dar mayor realce á la fiesta; seguíanle: el Sindico, portador del pendón de la ciudad, montero, ministros, secretario municipal, nobles y fijosdalgos; alguaciles, escuderos y miñones, dando escolta.
La vistosa cabalgata, entre el ensordedor estampido de los cohetes dirígese hacia San Martín de Avendaño, al pasar por cuya Iglesia, el Síndico inclina con reverencia el pendón de la ciudad.
Y tomando el camino de la Cruz Blanca, no tarda en llegar al campo de Arriaga, en donde es recibida con salvas y vítores, por inmenso público.
Sin detenerse, sigue hacia el pueblo de Arriaga, y atravesándolo, llega al margen del río Zadorra, en donde después de tomadas posiciones, hace alto.
La primera autoridad municipal, destácase del puesto que ocupara, y dirigiéndose a todos, pronuncia breve y patriótica arenga y explica la significación del acto que inmediatamente va á tener lugar.
Seguidamente, previa la correspondiente señal preséntanse las armas, revientan á millares los chupinazos, suenan con estrépito clarines y cajas, preludía el chistu los primeros compases de un himno, y mientrás tanto el Síndico, va poco á poco adelantándose hacia el rio, y en llegando á su margen, arroja al agua un papel con ademán solemne.
Las aguas siguen su normal curso. El Zadorra corre hacia su centro. La carta arrastrada por la corriente así lo pregona. El secretario levanta acta de la comprobación llevada á efecto.
Hecho el silencio, la comitiva reanuda su itinerario, hasta llegar al Templo juradero, siempre rodeada de abigarrada y entusiástica muchedumbre que la aclama sin cesar.
Alegre repica la esquila de la espadaña del citado Templo, desde que a lo lejos vislumbrose la nube de polvo que levantan los cascos de los caballos.
Un prebendado de la Colegiata de Vitoria revestido de altas vestíduras, sale á las autoridades, que ya se apean, y devuelven el saludo.
Y colocadas éstas, tras breves momentos, en sus sitiales, inmediatamente da comienzo la misa.
Durante la misa, el anciano sacerdote, vuelto hacia auditorio tan respetable, dirígele breve exhortación con palabra vibrante y acento sincero y tierno; y termina recomendando á los que nos rigen y gobiernan, para que en todo momento acudan, y acudamos todos, dice, al Dios Justiciero y recto, en demanda del acierto necesario para saber siempre aplicar en la tierra, con equidad, la justicia dimanada del Cielo, la justicia que pregonan nuestros blasones provinciales.
Terminada la misa, empréndese el regreso a la ciudad.
Ya en ella la nobleza se dirige á la Plaza de la Leña en donde ha de presenciar el Torneo que la autoridad militar dispuso se celebre en aumento de la solemnidad de día tan sealado.
Allí miden sus lanzas dos nobles capitanes, jóvenes en edad, tanto como bien adiestrados en el manejo de las armas y ganosos de honra y galardones.
Después de las doce, en el domicilio del Justicia mayor, tiene lugar un gran banquete, según antigua costumbre.
Por la tarde, celébrase una novillada en la Plaza Nueva, preparada al efecto.
Aún conservan los balcones la numeración de los palcos.
Después, en el campo de Arriaga organízase animada remería, de la que no se regresa hasta ver consumidas las últimas ascuas de las marchas ó grandes hogueras, que al igual que en la noche precedente, se encienden con profusión.
Y de las alturas, iluminadas todas por hogueras idénticas, parten orrintzis y ujujús, que cual eco no interrumpido, van recorriendo la llanada.
Publicado por "Novedades"; edición ordinaria de "El Nervión"; "La Libertad" y "La Gaceta de Alava"
Izar (1912)

video

martes, 13 de marzo de 2012

ALGUNAS PALABRAS VITORIANAS

abarras: las ramas más finas y delgadas del árbol
achantarse: volverse atrás, callarse en una discusión
acuchillar: refinar la madera con el instrumento llamado cuchilla
adobería: antiguamente, edificio propiedad del concejo vitoriano para curtir cueros, suelas, etc
adoque: pieza de madera que une entre sí los cuartones
afalostes: hogueras
aguabenditera: planta, cardencha silvestra, Dipsacus silvester. Sus hojas conservan largo tiempo el rocío o el agua de lluvia. Pila de agua bendita. Hueco en la parte alta del pecho, debajo de la nuez, muy marcado en los individuos delgados
aguachirri: líquido que no ésta en condiciones. Bebida que no sabe a nada
aguantar: adelantar
alante: adelante
alberque: lavadero cubierto
alegría de la casa: planta que se cultiva en tiestos, de la familia de las begonias
alegrías: pimientos o guindillas, pequeñitos, muy picantes
aliño: ser mañoso, servir para muchas labores "Fulano tiene aliño para todo"
almucela: ropa de cama
aloló: expresión usada para dormir a los niños "Aloló, niño, que viene el coco
a dormir a los niños que duermen poco"
andador: recadero
arrapasarri: individuo vividor, despreocupado
arreo: equipo de la novia al casarse
artumenio: lío, enredo
arveja: guisante
asadurilla: asadura, entrañas cuando se trata solamente de cordero
azoque: plaza donde se hacía el mercado público
azufrador: aparato para secar las ropas y calentar la cama
babilla: barrillo que se forma cuando la lluvia cae suavemente
baceta: en el juego del tomate, cuatro cartas que se dan después de haber repartido el resto de los jugadores. Estos, si no juegan con las suyas, empezando por la mano, pueden cogerlas y descartarse una, siempre obligados a jugar con las otras tres
bachas: zapatillas ordinarias
bacín: repostero o frutero bastante hondo
banido: desterrado, deportado
banzo: costados de la escalera de mano
barbo: nombre que recibía una clase de pan
barracas: puestos o casetas que ponen en el ferial durante las fiestas de la Blanca
barraquero: vendedor en las casetas o barracas de la feria
berlaina: berraña, planta parecida al berro
berrear: llorar mucho los niños
beso: se dice cuando reciben algún golpe los utensilios de porcelana, descascarillándose
boca: petardo pequeño que hacían los muchachos con un cono de pólvora bien prensada a la que aplicaban un trozo de yesca para prenderle fuego
calandanga: botarate, calamidad
calderon: juego de muchachos
chiringa: rueda en su caja para subir y bajar lámparas
chocholua: distraido, chiflado
chopera: medida de vino en la taberna
clavo: dolor en la palma de la mano producido al jugar a la pelota
culo pollo: cosido en los calcetines
escachapobres: alguacil, persona encargada por el concejo de expulsar a los mendigos
escuchapedos: persona-niño que resguardada, está escuchando las conversaciones de los demás
fudre: vagón del ferrocarril para vino
garbancera: campana que anuncia de víspera, las fiestas de guardar
garbanzo: hombre muy alto. Vigilante alcahuete en 1936. Guardián de los faroles de la Blanca
gaztambera: requesón, cuajada
girasol: así se llama el agua oxigenada por su condición de cambiar el color del cabello
guardacamino: antiguo celador del Hospicio de Vitoria
güesque: huesque. Voz que se da a las caballerias para que vayan a la izquierda
guía: cada una de las puntas del bigote cuando se llevaba largo
guijarro: carámbano
gureso: grueso
guripa: golfo, sinvergüenza
habilitarse: alcanzar la vecindad, probando limpieza sangre, etc
herradura: pan pequeño, así llamado por su forma especial
higadazos: persona apática, lenta en hacer las cosas
hígados: al calmoso y cachetudo, suele decírsele: "¡Vaya hígados que gastas!
hilo bala: cuerda delgada
huevo loco: comestibles
jalmera: aguja de gran tamaño
jamba: listón ancho que cubre la unión de los marcos de las puertas y ventanas con la pared
jaro: estar jaro. Se dice del rio cuyas aguas empiezan a aclararse después de una crecida
jarrear: llover mucho. Cubrir de yeso las paredes
jicarada: medida
labrar: acepillar la madera
lagartona: mujer despreocupada
lamparón: mancha, generalmente de grasa, que puede tener un vestido
lapo: bofetada
lecantinas: sosadas, tonterias
ligoso: pastoso, pegajoso
litiruela: literuela
liz: cuerda delgada
madrastrona: se aplica mucho a la mujer que riñe mucho a sus propios hijos
mandado: persona a quien se encarga hacer o llevar algo
mandorrotona: mujer que manda mucho y de mala manera
mañas: lloros de los niños "Si haces mañas va a venir el coco"
marabelindo: prisma de cristal
martinico: ave, martín pescador
matacandelas: grillo hembra
meque: melindroso, sobre todo al comer
michín: gato pequeño
michino: nombre que dan al gato, especialmente al llamarle
mocho: pelado
monja: flor cerrada de la amapola, si al abrir su capullo todavía tiene los pétalos blancos
muñón: hueso que queda al terminarse el jamón o pernil
noneta: a la noneta. Llevar sobre los hombros a los niños
ochavera: aguja grande, para lana
ollaciega: hucha de barro
ovalillo: arandela de hierro
paciencia: galleta redonda, de muy pequeño tamaño
pajarada: cantidad de pajaros
pajarita: bazo de algunos animales
paletilla: paleta
palizadura: empalizada
palomas: granos de maiz que han reventado al asarlos
pan y queso de parida: llamar al pan y queso de parida Vocear ante la puerta de la casa donde ocurría un nacimiento pidiendo el pan y queso que se acostumbraba dar
panaderos: grillo macho que tiene una P en sus alas
parihuela: atadura con cinta trenzada para sujetar la paloma ciega a la paleta o paletilla
pegotes: vegetal, bardana, vulgarismo lapa
pella: postre de leche
pelona: mujer desvergonzada
pendientes de la reina: flor de la fucsia
pequeñarro: muchacho de poca estatura
peruquillo: pera de San Juan, de tamaño pequeño
pica-pica: polvos de pica-pica. Polvo del tapaculo
pintamonas: espiga con niebla o añublo con la que se persiguen los muchachos procurando manchar la cara del compañero
pirrilera: diarrea
pispás: se dice a los niños cuando acaba la comida. "Pispás. Ya no hay más"
pistola: pan largo y poco grueso, bien cocido, que se empleaba para hacer sopa
planta topera: estramonio, vulgarismo hierba topera
pochola: "¡Qué criatura más pochola!" Hermosa, sana
podón: raíz que queda casi a flor de tierra al cortar un arbusto
porretero: enredador
portal: pago por ciertos alimentos a la entrada de la ciudad
portalero: encargado de pagar el portal
poyo: hueco en la tierra para sembrar guisantes, etc.
prender: encender, no solamente las velas, lumbre, etc., sino que suele aplicarse también a la luz eléctrica
pulgarejo: vianda. "Merienda: ocho piernas de carnero con ocho pares de criadillas y pulgarexo" (Libro Tercera Vecindad de la Zapatería, 1637)
quiriqui: rizo en el pelo
quisquete: picaporte en las puertas
ranchopil: pan que lleva huevos entre la masa y solía amasarse por Pascua de Resurrección
rasponazo: herida superficial
rebenguecha: venganza
rebidada: repetición del festín de boda
recocho: tiempo pesado, tormentoso
redova: barrio en las afueras de la población
repelón: tirón fuerte que se daba a la cuerda que sujetaba al toro, obligándole a pararse, cuando se corrían novillos atados en las fiestas de la calle
repijotero: tunante, perillán, aplicado a los niños
repuña: a repuña. Tirar a voleo, al aire, monedas, almendras, etc
reusta: listón para afianzar alguna cosa
richi: pan de miga muy esponjosa
riñón: alubias de riñón. Caparrón de grano corto y redondeado
riñonada: chuleta de riñonada. Chuleta que se saca de la parte donde terminan las costillas del ganado
rizos: virutas que salen al cepillar la madera
roseta: atadura sencilla que se suelta tirando de uno de sus extremos
sabandija: lagartija
Sacamantecas: El tristemente célebre criminal que fue ajusticiado en Vitoria, sirve hoy para asustar a los niños "Que viene el Sacamantecas", les dicen como otras veces: "Que viene el morroco"
sagaz: persona glotona
salgue: cereal, cebada, avena, que se siega en verde para pienso del ganado
soja: hoja en las monedas
subibaja: cigoñal
sumidillo: granos de cereal que han quedado ruines por haber secado rápidamente
"Trigo sumidillo,
damos al pastor.
trigo sumidillo,
lleno de tizón"
surgetear: sobrehilar una prenda de vestir
tablón: borrachera
tata: niñera
tato-a: hemano pequeño
teces: nervios, orillos de la carne comestible
teguillo: listón de pino que se emplea para cielo raso de las habitaciones
tejador: vasija plana
testigo: poste de madera que se pone en las obras para indicar peligro
tiragomas: tirador, tirabeque
venaca: instrumento de pesca que consiste en un palo largo y la remanga o un saco en su extremo, que suele usarse cuando está el río turbio
vico: hoyo para jugar. Juego que consiste en introducir en el hoyo o vico huesos de albérchigo o cacurretas, siendo varias las formas de ganar o perder según la cantidad que entra en el vico
volandero: fruto o semilla del arce
zamarrada: enfermedad grave
"VOCES ALAVESAS" Gerardo López de Guereñu Galarraga. Euskaltzaindia. 1998

sábado, 10 de marzo de 2012

EL HOSPICIANO

¡Pobre Emeterio! Huérfano, sin más amparo que el de la Providencia, que en forma de Hospicio, apenas vino al mundo, le recibió en su seno; siendo confiado al cuidado de las buenas Hermanas, ángeles de caridad, que endulzaron las horas de su infancia y enjugaron las lágrimas de sus rabietas y congojas. Aquellas Hermanas a quienes llamó madres á impulsos de su corazón noble, porque en él supieron sembrar sentimientos de honradez y bondad, y lograron, con su cariño, que el pobre expósito, no sintiera la nostalgia de aquel otro cariño, que su triste sino privóle para siempre.
Hasta que llegó un día, ¡con qué pena lo recordaba! en que tocóle el turno, y fué sacado del Hospicio por un aldeano que le llevó a su casa, y le empleó en menesteres á que no estaba acostumbrado; y sufrió malos tratos, y pasó hambre, y aguantó desprecios; resignándose siempre a todo, como le habían enseñado aquellas Santas Madres, á pesar de ver á cada momento que, mientras para él todo se volvían abrojos y espinas, el hijo de sus amos, era colmado de caricias y mimos á todas horas, en su presencia.
Pasaron los años y el hijo de la casa habíase hecho mozo, comenzando también a mandorrotear al hospiciano, por si fuera poco lo que sus padres le hacian sufrir, no recatándose de despreciarle y humillarle, aún delante de otros compañeros del lugar; siendo ya esto como la gota que rebasando la medida, hizo al expósito adoptar la resolución, que llevó a cabo, de salir cuanto antes de la casa y largarse á la ventura por el mundo.
Así, pues, poniendo tierra de por medio, mendigó una caridad de puerta en puerta, recibiendo unas veces un mendrugo, y las más un desaire.
Llamarónle vago, haragán, maltrabaja. ¡Pidiendo a sus años! ¡Y con los dos brazos que llevaba pendientes de aquellos hombros!
¡Qué más hubiera querido sino poderlos emplear! ¿Por qué no había vuelto al Hospicio?¿Acaso no fue precisamente, por evitarse la vergúenza de que nadie pensase, ni en chanza, que intentaba comer el pan bobo? ¿ Tenía culpa de no saber oficio alguno? Porque fuera joven, ¿iba a dejarse morir de hambre? Proporcionárale alguien ocupación que estuviese á sus cortos alcances, como lo anhelaba su voluntad sin límites, y viérase entonces cómo nadie le iba en zaga en cuanto al cumplimiento de su deber se relacionara.
Harto ya de contestar con estos razonamientos á las constantes letanías; sobrado como estaba, de ganas de encontrar lo que con tanto afán buscaba por todas partes, trabajar á fin de no deber a nadie nada; dió al fin con una casa, en la que acaba de marchar el criado, por haber cumplido el ajuste y no convenirle continuar en la misma, siendo sustituido por el hospiciano.
El buen Emeterio, había logrado su deseo más ferviente.
Además, en la nueva casa no había chicos con quien regañar, ya que el personal de la misma, lo constituian solamente el matrimonio y la única hija de éste.
Se portaba bien, y de ello eran pruebas evidentes, las ponderaciones de sus amos, "rara avis"
El expósito, se amañó pronto a las costumbres de la casa, estudió el carácter de sus patrones, y no tardó en adivinar su flaco.
Llegada la hora de ajustar cuentas, estando al tanto de la roñeria del amo y de que en todas partes hay que sufrir por algún concepto, no quiso mostrarse exigente, prefiriendo dejar correr la bola, pensando en que ¡quién sabe! si con el tiempo, había de llegarle ocasión de resarcirse con un enlace ventajoso, que esto corría ya de su cuenta, pues de menos nos hizó Dios, y el primero no había de ser.
El desinterés aparente del crisdo, aumentó el interés del amo, por conservarlo, y no tardó aquél, con su excelente comportamiento, en hacerse querer como hijo.
Lo restante, sólo fue cuestión de tiempo, y vino por sí de buena ley, como redado.
A su tiempo, recibió Emeterio, el consentimiento favorable de la Junta del Hospicio de Vitoria, así como la propina con que á los expósitos obsequia en casos tales la Diputación alavesa.
Cuando el hospiciano viose dueño de su casa y jefe de una familia, elevó su corazón al Cielo, en plegaria de acción de gracias.
Y recordando, por su nacimiento, cómo él fué victima inocente de malas pasiones, hijas acaso, de una ineducación moral, tuvo buen cuidado de infiltrar en sus hijos aquellas enseñanzas que él recibiera en el Hospicio, las mismas que llegaron á hacer de él un hombre honrado.
IZAR 1912 Publicado en "Heraldo Alavés"

sábado, 3 de marzo de 2012

POESIAS VITORIANAS

AL PATRÓN DE ALAVA
¡A ti!, Prudencio insigne, gloria nuestra;
patrono de este suelo, que te ha dado
humilde cuna, y de su esencia ha hallado
en tu virtud y tu candor, la muestra.
Apóstol de tu iglesia, la maestra,
fuiste, quien defendiera denodado
la causa de Jesús, cuyo reinado
triunfar hiciste siempre en la palestra.
Yo te pido ¡gran Santo!, puesto que eres
el que alcanzó, contra el error, victoria;
alcances hoy la PAZ de aquestos seres
que devotos bendicen tu memoria.
¡Patrón de Armentia, muestra que los quieres!
¡Oh gran Prudencio, alcánzanos la Gloria!
J. Izarra (Izar)
Publicado en 1904 en "Heraldo Alavés" y reformado en el libro "CUENTOS ALAVESES (O LO QUE SEAN)" de IZAR (1912)
¡MI PAIS!
Desde los picos de Amboto
hasta las cumbres de Arcena,
desde el confin de Toloño
hasta de Urbasa la Sierra,
se extiende la gran llanura
orgullo y prez de la Euskeria,
el pais del "babazorro",
la sin par tierra alavesa.
Multitud de torrecillas
ocultas por la floresta,
pueblan sus espesos montes
cual rebaño de gacelas;
arroyuelos juguetones
por entre valles serpean,
y fertilizan el bosque,
y murmurando, se alejan.
Acá y allá, los zagales
sus rebaños apacentan,
desde que al amanecer
toca al Angelus la Iglesia;
y en el collado, la flauta
produce tiernas endechas,
y un alegre tilinteo
se percibe entre la selva.
El trino del ruiseñor
dulce armonía semeja
que entusiasma al labrador
y ameniza su faena;
y allá en la lejana Iglesia
severo esquilón voltea
invitando á la Oración
cuando el crepúsculo empieza.
Con el clásico atabal,
el chistu canta proezas
en todas las romerías
que en el valle se celebran;
y en los montes repercuten
las mil cadencias guerreras
que entre irrintzis y ujujús
lanza en su fiesta, la aldea.
La raza del alavés
es raza de lucha y guerra,
su valor fué acreditado
en muchas hazañas épicas;
no le arredran los peligros,
no sabe lo que es vileza,
á Dios dá lo que es de Dios,
y al César lo que es del César.
De su blasón, la Justicia
contra el malhechor, es lema;
la honradez, la cortesía
son sus timbres de nobleza;
hacer bien es su costumbre,
que obrar mal lo tiene á mengua;
es religioso, creyente,
emprendedor, de conciencia.
A La Blanca, el vitoriano
gran devoción le procesa;
siempre la invoca con fé,
le dedica culto y fiestas.
Y... Ella desde su altar
nos preside, nos gobierna,
protege á la capital
cual guardiana y madre tierna.
Los ancianos del país
á los jovenes enseñan
á amar las tradiciones
y á su milenaria lengua,
á progresar, á vivir,
á labrar la fértil tierra
para hacerla producir
y que aumenten las cosechas.
Y las mujeres de aquí
son dechados de belleza,
religiosas, ilustradas,
siempre fieles compañeras;
amamantan á sus hijos
en el tesón y entereza,
y les muestran como ejemplo
á San Prudencio de Armentia.
En fin ¿á que proseguir...?
No hay nada como mi tierra;
porque es la tierra alavesa
paleta para el pintor,
lira para los poetas
buril para el escultor.
¡Llanada de mis amores,
mil veces bendita seas!
IZAR (1912)
 
ga.js