lunes, 24 de junio de 2013

VICTORIA IN VITORIA

He visto este video con la mejor reproducción de la recreación de la Batalla de Vitoria en Armentia.
Es de Javier Suso


lunes, 17 de junio de 2013

El Monumento a la Batalla de Vitoria

En 1913, el gobernador civil, con motivo del centenario de la batalla, nombró a una Junta General para llevar a efecto todo lo concerniente a la erección del monumento. En noviembre se eligió el proyecto del escultor Gabriel Borrás y Abellá, de la escuela de Benlliure, y se comenzo la obra en 1915.
Este escultor combinó dos de los materiales habituales en la escultura monumental de la época: piedra y bronce. Diseñó su reparto de tal modo que visualmente se reconocen con facilidad tres alturas o niveles sobre una grada de tres escalones, biselados en sus ángulos. En el primer nivel, las piezas escultóricas son de piedra, mientras que en el segundo y en el tercero son de bronce. El escultor se mantuvo dentro de la tendencia realista que se decantaba por la narración descriptiva de los hechos, al mismo tiempo que armonizaba la plástica, con la iconografía. En el lado preferente del monumento, el que mira hacia el sur, aparecen dos inscripciones: A la Batalla de Vitoria, en lo alto, y en la base del primer cuerpo, A la Independencia de España.
Primer piso:
Cara sur. Se presenta, en alto relieve, al teniente general don Miguel Ricardo de Álava, a caballo, con actitud triunfante a la vez alentando a sus paisanos a defender la ciudad. El libertador es aclamado por el pueblo que se acerca con alegría deseoso de contemplarle y tocarle. En el centro aparece el escudo de la ciudad de Vitoria.
Cara este. Tras el General aparece la otra cara de la moneda, la derrota, y con la parte más amarga de esta derrota, la de los españoles que tienen que expatriarse. Son los afrancesados. Se quedaron sin patria, sin dinero, sin familia y sin ideales. Fue el Convoy de la muerte. Lucharon contra sus propios hermanos, el dinero que portaban se lo robaban o quedó sepultado en el fango y sus familiares asesinados o violados.
La escena detalla el coche nobiliario en la huida, escoltado por compungidos soldados, una mujer con atuendo popular cogiendo un cofre, una madre abrazando a su pequeña hija...Se ha querido ver en el grupo de la joven madre e hija a la VI Marquesa de Montehermoso despidiéndose de su hija que se quedaba en Vitoria con su abuela paterna.

Cara norte. La derrota y huída de los soldados franceses y aquellos que se les unieron.
En el centro se destaca la imagen del dios de la guerra de la mitología clásica, Marte, y, por tanto, la representación alegórica del sueño fallido de Napoleón de dominar toda Europa, emulando al Imperio Romano. El dios romano se cierne sobre el campo de desolación y señala a los franceses el único camino que les queda por tomar: el de volver a su país. De esa armadura surgen una serie de jinetes. Al  pie de la cara se lee: "21 de junio de 1813"
Cara oeste. En una misma cara aparecen dos imágenes irreconciliables que se dan la espalda. A la derecha están los triunfadores, los que aclaman al General Álava, a la izquierda los derrotados, los que heridos y desolados han de marcharse a su país.
El peso del fracaso les hace andar lentos y cabizbajos. No pueden ver un horizonte prometedor. Por el contrario, los vencedores no sienten el peso de la victoria, llevan la cabeza levantada y la mirada triunfante.
Segundo piso:
Es la imagen triunfal del Duque de Wellington a caballo y a la cabeza de las tropas aliadas compuestas de todas las armas y nacionalidades que tomaron parte activa en la batalla. Se pueden reconocer uniformes, armas y gestos muy expresivos tanto de ataque enardecido como de derrota y muerte. Si en el primer cuerpo, el artista presenta la historia cercana conocida de los vitorianos, en este segundo, se ofrece el espíritu bélico, la fuerza y el poder del hecho de armas, de la victoria conseguida, de lo que ha pasado a la historia y es digno de recuerdo.
Al pie de este alto relieve, que rodea la parte central del monumento y en los cuatro biseles de los lados, están los escudos de las naciones aliadas, enlazados con ramos de laurel y roble que denotan la victoria que alcanzaron por la fuerza de la unión: Gran Bretaña, España, Portugal y la Legión Auxiliar Alemana KGL.
Cara sur. La cara más importante. Destaca en la parte central la figura a caballo del duque de Wellington, que llevaba el mando de las fuerzas. Es el conjunto escultórico final. A la izquierda se encuentra el escudo de Gran Bretaña.
Cara este. El general Morillo con los españoles. A la izquierda de la escena está el escudo de España.
Cara norte. La actitud de los aliados, los portugueses, expresa ese espíritu bélico que les alentaba en el fragor del combate, sin llegar a la representación de la lucha directa con el enemigo y con la nota dolorosa de los que caen muertos o heridos. A la izquierda de la escena está el escudo de Portugal.
Cara oeste. Son los húsares alemanes de la KGL (Kings German Legion), que entraron con el General Álava. A la izquierda está el escudo que les recuerda.
Tercer piso. En la cúspide, la imagen de una figura femenina alada, la Victoria, que exhibe la bandera española en una mano, mientras que en la otra ofrece un ramo de olivo, símbolo del fin de la guerra y el comienzo de una era de paz. España representada por una matrona, se apoya en un león que es la fuerza que derriba al águila invasora (alegoría de las tropas imperiales napoleónicas) y que, satisfecha del comportamiento del pueblo español (representado por la figura desnuda) que ha logrado romper las cadenas que le supeditaban, le estrecha materialmente con su diestra.
Apuntes sacados de un trabajo del EPA "Paulo Freire" de Vitoria-Gasteiz
Matasellos conmemorativo

domingo, 16 de junio de 2013

TERCERA SENDA DE LA BATALLA DE VITORIA: DE ETXABARRI-IBIÑA A DURANA

CON LA EXCURSIONISTA MANUEL IRADIER
ETXABARRI-IBIÑA
 ACTUALIDAD
ARANGUIZ

ABECHUCO




GAMARRA MAYOR

DURANA


viernes, 14 de junio de 2013

LA O.S.E. EN LA PLAZA DE LA VIRGEN BLANCA


CON LA AMURRIOTARRA INMA SHARA
EL PUENTE SOBRE EL RIO KWAI

INTRODUCCION E INICIO DE LA OBRA DE BEETHOVEN
EL CASERIO

miércoles, 12 de junio de 2013

ESCENARIOS DE LA BATALLA

Los actos de conmemoración de la Batalla de Vitoria comenzarán el viernes 21 de junio, en La Puebla de Arganzón, donde se montará el campamento aliado. Allí, dos centenares de recreadores montarán un campamento y realizarán unos escarceos por el pueblo. A la mañana siguiente, un tren partirá  a las nueve de la mañana de la estación de Vitoria con otros combatientes a bordo.
Los ciudadanos que lo deseen les podrán acompañar. El viaje de ida les costará un euro.
Al filo del mediodía estallará la primera batalla junto al Zadorra. Durante 100 minutos casi medio millar de soldados se batirán a muerte ante la presencia del público.
A las 19,30 las tropas aliadas entrarán por el bosque de Armentia y tratarán de sorprender a los soldados franceses concentrados junto a la basílica. En torno al río se desatarán ls hostilidades y se celebrará la simbólica arriada de la bandera francesa y la izada de la enseña española de aquellos días.
Ya el domingo, a las 12,30, los 430 actores, distribuidos en los distintos ejércitos, se concentrarán en la estación de Renfe y desfilarán por la calle Dato, conectarán con la calle Mateo de Moraza y a través de esta calle entrarán en la Plaza Nueva, donde serán recibidos por la Asociación Histórica Vitoria 2013. Allí se les hará entrega del espadín y las condecoraciones correspondientes.
Un total de siete países estarán representados por los diferentes recreadores: Francia, Portugal, Alemania, Holanda, Reino Unido, Irlanda y España; y los actores provienen de Gipúzkoa, Burgos, León, Asturias, Galicia, Zaragoza, Girona, Valencia, Málaga, Bailén, Jaén y Madrid.
Para ver más, ir a http://www.noticiasdealava.com/2013/06/09/sociedad/prestos-para-el-combate
y http://www.elcorreo.com/alava/v/20130609/alava/guerra-20130609.html
Información sobre actividades en La Puebla de Arganzón http://www.lapuebladearganzon.es/

lunes, 15 de abril de 2013

"LA BATALLA DE VITORIA" SEGÚN BECERRO DE BENGOA

LA BATALLA DE VITORIA
21 DE JUNIO DE 1813
En colosal retirada
vienen las temidas tropas
de Napoleón el invicto,
cuya suerte á su fin toca.
El intruso rey José,
que sostiene su corona
en el aire del acaso
con el humo de la pólvora,
como jefe que no manda,
como soldado que estorba,
al frente de sus legiones
francesas, rápido toma
el rumbo de Francia, viendo
que le hostigan las victorias
de lord Wellington, aliado
de la nación española.
Llega a la llanura de Alaba,
y, á lo largo del Zadorra,
desde La Puebla á Mendíbil
sus divisiones coloca,
con el mariscal Jourdan
que es el caudillo de todas.
En tanto, por Berberana
Guibijo y Arcamo asoman
los aliados, con lord Wellington,
que á los franceses acosa.
En Subijana los jefes
de su ejército convoca,
y al ilustre Alaba encarga
que el plan de ataque proponga,
pues no hay quien cual él, el campo
de la batalla conozca.
Se acepta su pensamiento,
y, en cuanto brilla la aurora,
del nuevo esperado día,
que hará famoso la historia,
Morillo ataca á La Puebla
y el alto de Arganzón toma,
contra el conde de Gazan,
que con tres legiones choca:
contra ingleses y españoles,
entre los bosques y rocas
de El Boquete y Subijana,
que al fin vencido abandona.
En tanto el inglés Graham
y Giron, y Pack y Longa,
desde Murguia acometen
contra el paso del Zadorra
por Abechuco y Araca
y Gamarra, en horrorosa
embestida, que resiste
por espacio de seis horas
Reile, el conde, insigne jefe
de las imperiales tropas.
Forzados ambos estremos,
Wellington el centro corta
por Villodas y Tres Puentes
y Mamario, y desaloja,
bajo mortifero fuego
de acometida heróica
de Jundiz á los franceses,
alto de eterna memoria,
donde cincuenta cañones
pusiera Tirlet ahora,
tarde y sin fruto, amparando
al rey José y á su escolta
que en Ariñez, con Jourdan,
al contemplar la derrota,
ciegos, en su aturdimiento,
al escaparse, provocan
la completa retirada
de las huestes napoleónicas.
Incomparable espectáculo
entónces se desarrolla,
y ante los ojos atónitos
de los pueblos y las tropas.
Las nieblas, hácia las cumbres
de la sierra, el rumbo toman;
brilla el sol, y las columnas
de humo, formando coronas,
entre el resplandor siniestro
de las mortiferas bocas
suben, y permiten ver,
en los sembrados y lomas,
cuál marchan los batallones
guiados por la victoria,
con sus pintorescos trajes,
con sus armas ostentosas,
sus desplegadas banderas
y sus cánticos de gloria.
A escape los escuadrones
los estensos campos cortan,
contra la linea lanzándose,
donde el francés se amontona.
Vomita la artilleria,
con furia vertiginosa,
constante fuego, empujando
á los que van en derrota.
Arden pueblos y sembrados
y entre las llamas y sombras
se ven cruzar los furgones
enemigos; se desbocan
sus tiros, ruedan al suelo
y, en confusión espantosa
los soldados se dispersan,
con los vencedores chocan,
y al belicoso alarido
de los que matan ó lloran,
únense el terrible estruendo
de la explosión de la pólvora,
y el toque de los clarines,
y las voces poderosas
de los jefes, y los ecos
de los himnos de victoria,
que entre las gentes aliadas
doscientas músicas tocan;
y este gran rumor confúndese
con el que á lo lejos brota
del ejército vencido,
que cual la mar tormentosa
brama y se agita, formando,
en la ámplia llanura toda,
este cuadro, un gran infierno
que nuestro triunfo corona.
En medio del panorama
guerrero que tanto asombra,
circuida de humo y fuego
se alza la noble Vitoria.
Pensando en la triste suerte
que habrá de correr ahora,
por el temor del encono
de las fugitivas tropas,
y de la furia inclemente
de las huestes vencedoras,
que haran horribles estragos
en el pueblo, unas tras otras,
Alaba se pone al frente
de un regimiento, en buena hora,
cruza el peligro, se lanza
por las veredas más cortas
á la ciudad, entra en ella,
á los franceses arroja,
sus restos acuchillando
en las calles y en la ronda,
é impide que los ingleses
luego, á la ciudad se impongan.
El, el caudillo inmortal
que preparó la derrota
del rey José, él, cual buen hijo
logró salvar a Vitoria.
Sus paisanos le saludan
con frenesí, y le coronan
con la aclamación ferviente,
que en sus pechos se desborda.
A lord Wellington recibe,
al terminar la derrota,
al frente del municipio
y de la población toda.
Ambos caudillos, cumpliendo
vieja promesa amistosa,
ántes de buscar descanso
á tanta fatiga y gloria,
á saludar se dirijen
á la que ha de ser esposa
de Alaba, á la ilustre dama
doña Loreto de Arriola.
¡ Cuadro imponente el que ofrece
por la tarde la anchurosa
llanura, donde aún retumban
los tiros de la derrota!
Entre los rastros de sangre,
que el suelo á trechos coloran,
entre los informes grupos
de muertos, que se amontonan,
en los desechos sembrados,
en las altas y en las hondas
revueltas de los caminos,
hay huellas de la espantosa
jornada, que ha decidido
de la suerte de la Europa.
Véase allí tres mil cadáveres,
de unas naciones y otras;
ocho mil pobres heridos
urgente socorro imploran;
ciento cincuenta cañones,
con sus armaduras rotas,
desde Betoño á Arlanban
el ancho camino estorban;
mil furgones atestados
de despojos, que destrozan
los soldados vencedores,
que el rico botín se apropian,
esparcidos por los campos
yacen, y entre ellos las joyas
del arte, á España usurpadas
en pedazos se recobran.
Centenares de familias
fugitivas, su congoja
muestran al ver que los suyos
por fuerza les abandonan.
Muchas, que ayer eran ricas
se encuentran pobres ahora,
y en cambio, á pobres de siempre
hace ricos la victoria.
Su bastón de Mariscal,
perdió José en la derrota,
que á la Inglaterra lord Wellington
manda, cual timbre de gloria.
En cambio á su vez, recibe
como premio, la gran honra,
de Feld-mariscal y el título
de duque, y rentas cuantiosas.
A Alaba su gratitud
demuestra tambien Vitoria
con repetidos obsequios
que su gran mérito abonan.
El gran caudillo alabés,
en la campaña más glorias
conquista, hasta que la Francia
demanda una paz honrosa.
Por él España los cuadros
del gran Rafael recobra;
á nuestra patria en Holanda,
de una manera ostentosa,
á espensas de su dinero,
que es pobre su nación propia.
Amigo de los principios
modernos, sufre la odiosa
persecución, que en la Córte
y en su pueblo se provoca
por ruines émulos suyos,
que cual ingratos se portan
al pagarle el bien que hiciera,
con el mal que le ocasionan.
Es en las Córtes modelo
de los ardientes patriotas;
desterrado obtiene honores
de las gentes poderosas
del extranjero, que rinden
digna justicia á sus glorias.
Embajador al arder
nuestras civiles discordias,
contiene las hecatombes
sangrientas que nos deshonran,
oponiendo al "no hay cuartel",
la humana misericordia.
Ministro, con los más célebres
nombres, que apunta la historia,
en los tiempos más difíciles,
secunda grandes reformas.
Y modesto, y sin los títulos
de aristocráticas pompas,
querido y muy respetado
en su ancianidad dichosa
vivió en la ciudad, que guarda
sus restos altiva ahora,
honrando al gran general
que preparó la derrota
del rey José; y al buen hijo
que salvó un dia á Vitoria.

Sacado del libro "Romancero Alabes" de Ricardo Becerro de Bengoa de Editorial MAXTOR
 
ga.js